La IA empieza a dejar huella: llegan las marcas de agua invisibles al contenido generado por Inteligencia Artificial
¿Podremos saber si un texto ha sido escrito por una persona o por una Inteligencia Artificial? La respuesta empieza a ser sí.
La explosión de herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini ha provocado que millones de textos, imágenes, vídeos y audios generados con Inteligencia Artificial circulen diariamente por Internet. Y Europa quiere que podamos distinguirlos.
Una marca de agua que no puedes ver
Anthropic ha anunciado que Claude incorporará marcas de agua invisibles en los textos generados por sus modelos, una medida relacionada con las nuevas obligaciones de transparencia de la Unión Europea.
Pero no esperes encontrar un pequeño logotipo al final del artículo.
La marca está integrada en la propia generación del texto mediante patrones estadísticos prácticamente imperceptibles para una persona, pero que pueden ser identificados mediante sistemas especializados.
Google lleva tiempo desarrollando una tecnología similar, SynthID, capaz de incorporar marcas invisibles a imágenes, vídeo, audio e incluso texto generado por Gemini.
OpenAI también está avanzando en esta dirección. Actualmente utiliza tecnologías de procedencia como C2PA y SynthID en determinados contenidos generados con sus herramientas, especialmente imágenes y audio, y dispone de sistemas para comprobar posteriormente su origen.
¿Por qué está ocurriendo ahora?
Porque estamos entrando en una etapa diferente de la Inteligencia Artificial.
Hasta ahora la gran pregunta era:
¿Qué puede hacer la IA?
A partir de ahora tendremos que añadir otra:
¿Cómo sabemos qué ha sido creado por una IA?
La proliferación de contenido sintético plantea cuestiones importantes sobre transparencia, desinformación, propiedad intelectual, educación, comunicación y confianza digital.
Europa está impulsando precisamente esa trazabilidad.
¿Significa esto que utilizar IA para escribir está mal?
En absoluto.
Y probablemente aquí esté la parte más interesante del debate.
Utilizar Inteligencia Artificial para investigar, estructurar ideas, analizar información, corregir un texto o ayudarnos a comunicar mejor será cada vez más habitual.
La cuestión no debería ser simplemente:
"¿Esto lo ha escrito una IA?"
La pregunta realmente importante será:
"¿Cómo se ha utilizado la IA para crear este contenido?"
Porque no es lo mismo pedir a una IA que genere automáticamente cien artículos que utilizarla como herramienta para investigar, contrastar información, desarrollar ideas y mejorar un contenido elaborado y supervisado por profesionales.
De detectar la IA a confiar en el contenido
Las marcas de agua tampoco serán infalibles.
Google reconoce que tecnologías como SynthID deben entenderse como una pieza más dentro de un sistema de identificación y procedencia del contenido, no como una solución absoluta.
Pero la dirección parece clara.
Internet está pasando de preguntarse únicamente quién publica una información a poder preguntarse también cómo ha sido creada.
Y eso puede terminar cambiando la forma en la que empresas, medios de comunicación, administraciones y profesionales producen y publican contenidos.
La Inteligencia Artificial no va a desaparecer de nuestros contenidos
Todo lo contrario.
Cada vez estará más integrada en nuestros procesos de trabajo.
Por eso, posiblemente, el futuro no consistirá en intentar ocultar que utilizamos Inteligencia Artificial.
Consistirá en utilizarla bien.
Con criterio.
Con supervisión humana.
Con fuentes fiables.
Y con transparencia.
Porque la ventaja competitiva no estará en poder decir:
"Nosotros no utilizamos IA".
Estará en poder decir:
"Sabemos utilizarla".